¿Quieres participar en teletrabajando con tus artículos?
En sólo una semana
Después de solamente una semana de trabajo desde casa, ¿a qué estás agotado?
No te llega la camisa al cuello.
Tienes la sensación permanente de llegar tarde a la estación.
De que el tren va a partir a su destino delante de tus narices.
¡Maldición!
Suena terrible pero te digo algo muy en serio: estás en el buen camino.
El día no parece tener fin
Estás acostumbrado a llegar a tu hora. A salir cuando toca, incluso un poco más tarde.
Ahora fichas cuando enciendes el ordenador.
Es un acto mucho más sencillo.
La pantalla se ilumina y ¡ta chán!, ya estás en el trabajo.
No hay ruptura física, ni espacial, ni temporal.
Puedes hacerlo en cualquier momento del día y de la noche.
Es “sólo” un gesto.
Hay que combatir esto con acciones oportunistas y forzadas hasta que se conviertan en rutina.
Alguna puede servirte de ayuda:
- Mantén las rutinas de tu trabajo presencial. Por ejemplo, si no escuchas música allí, mientras teletrabajas, tampoco.
- Arréglate como si fueras a salir de casa.
- Empieza tu jornada a una hora muy concreta, todos los días.
- Finaliza el trabajo en una franja de tiempo estable.
- Cuando hagas las pausas, rompe con la tarea: habla con los de casa, pasea al perro, mira un documental de esos gemelos que arreglan casas.
- Si tienes opción, aísla el espacio de trabajo del de la vida: la mesa “de oficina”, el cuarto para trabajar, el ordenador que sólo se enciende para el trabajo.
Encuentra cosas que te desconecten.
Teletrabajar no significa estar disponible 24 horas y 7 días a la semana.
Miedo a equivocarte
El trabajo desde casa implica cambiar los procesos.
Lo que en presencial haces de una determinada manera, ahora, seguramente, se haga de otra.
Usarás otro software y no dispondrás de herramientas de oficina habituales (la fotocopiadora, el teléfono fijo).
Además amplías lo que tienes con más utilidades de comunicación y trabajo en remoto: el Slack, el Skype, el Whatsapp, el Telegram, el no-sé-qué…
Pulsar a un botón se convierte en una pesada carga.
Ese botón, ¡siempre es rojo!
Voy a romperlo todo si lo aprieto.
Peor aún si has llegado al teletrabajo con prisas.
Hay que trazar un camino. Documentar el proceso.
Ese tiempo precioso que vas a emplear en apuntar el paso a paso va a ser tu arnés de seguridad.
Sé egoísta. Háztelo sólo para ti. Eres tú quien quiere dormir más tranquilo.
Si atiendo a lo que me dicen, no me concentro
Aquí juegan en tu contra dos grupos muy diferentes de personas:
- La familia
- El equipo
La familia.
Niños, abuelos, parejas. Si estás en casa pueden entender que estás “disponible”.
Para las cosas que se hacen en familia, desde jugar, a cocinar, bajar a la compra o cambiar bombillas.
Durante todo el rato que estás en el hogar.
La mejor forma de parar eso es poner cara de póker, aunque sea la gente que más quieras.
Otra opción es usar el totem.
Un objeto que cuando esté presente en la mesa todo el mundo sepa que no hay que molestar. Y si se hace, tiene que ser con educación y paciencia.
Es una regla nueva en la casa.
El equipo.
La gente del trabajo.
Lo que antes era una conversación de cafetería, de mesa a mesa, ahora es una notificación en el móvil o en el escritorio.
¿Por qué tienes que tener tanta prisa en atenderla?
¡Ah! Ya entiendo, porque puede ser importante.
Dicen que a día de hoy el éxito comercial de los SMS (los mensajes de texto de toda la vida) está en que se envían pocos.
Eso se traduce en que no nos aguantamos con la pelotita roja indicando que tenemos algo pendiente de leer.
Las notificaciones digitales nos empujan al desasosiego.
Desactívalas.
Aunque sea por bloques de 25 minutos.
Uno, dos o tres al día. Compra tiempo seguro.
Date ese tiempo para concentrarte. Si puedes poner el modo avión en el móvil durante ese tiempo, mejor aún.
Es probable que sino lo haces acabes con otra práctica muy habitual que engancha con el primer problema de este artículo: “Me quedo un rato más y así adelanto mientras no me molestan”.
Teletrabaja, pero sigue viviendo :)
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